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Título: Pollyanna

Autor: Eleanor H. Porter

Año de publicación: 1912

Editorial: Bruguera

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De pequeña, cuando iba a casa de mi abuela, me dedicaba a coger los viejos libros que poblaban las estanterías y pasar las horas con ellos, algunos me los leía enteros y otros sólo los hojeaba.

 Pollyanna me llamó la atención en primer lugar porque la edición de 1973, que es la que se encontraba en casa de mi abuela, está ilustrada con unas viñetas a modo de tebeo que cuenta y resume la historia de la novela. En primer lugar, leí y releí las ilustraciones, y años más tarde, la novela entera.

Cuando falleció mi abuela no recordaba ninguno de los otros libros a los que había dedicado tiempo en leer u hojear, sólo éste. Lo busqué incansable entre sus cosas hasta que finalmente conseguí tenerlo entre mis manos y llevármelo conmigo.

¿Cuál es el secreto? ¿Qué es lo que hace que este libro infantil se quede en el recuerdo entre decenas más de libros probablemente más profundos o de mayor calidad? No creo que sólo sea por una razón, sino por varias,  pero el juego de la alegría es definitivamente uno de ellos, y es algo que me hace volver a perderme en esta novela cada vez que paso por una mala época en mi vida.

Pollýanna, la protagonista, es una niña de 12 años que ha tenido una vida plagada de desgracias: pobreza, enfermedad: la muerte de sus padres, la consecuente orfandad, el rechazo por parte de su extensa familia… Y todo esto en unos Estados Unidos de principios del siglo XX, con una sociedad de clases muy marcada donde la riqueza y la apariencia eran los principales valores que se apreciaban. Sin embargo, y a pesar de todo ello, Pollyanna siempre encontraba una razón por la que estar alegre. Su padre, desde pequeña, le enseñó un juego: “El juego de la alegría”, que consiste en buscar en cualquier situación una razón por la que estar alegre y cuanto más difícil parece encontrarlo, más divertido es el juego. Para Pollyanna, tras años de práctica, “el de la alegría” ya no es simplemente un juego, sino un modo de vida, una actitud. En definitiva, es una excusa válida para ser siempre positiva y optimista, y, sobre todo, para sentirse feliz pase lo que pase. Y es que uno mismo controla su propia felicidad.

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A lo largo del relato, la niña les enseña este juego a diversos personajes, tanto a adultos como a niños, que se dan cuenta de la importancia que tienen los pensamientos en el estado de ánimo y las emociones. Imaginaos si llega a tener importancia, que un médico llega a recetar la pecosa protagonista a uno de sus pacientes como si de una medicina milagrosa se tratara. Sin quererlo pero con mucha intención, Pollyanna le muestra al lector cómo cambiar su actitud ante la vida y cómo modificar sus pensamientos para encontrarse bien consigo mismo y ser más feliz.

Por esta razón, cuando paso por una mala época y siento que los pensamientos negativos me invaden, cuando intento jugar al juego de la alegría y no lo consigo, le pido a Pollyanna que me recuerde cómo se hacía. Cojo el pequeño libro de entre mis estanterías y la releo. De esa forma recuerdo el juego, me doy cuento del valor de ser optimista y reaprendo a ser feliz.

Laura C. Eito

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