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Ficha Técnica
Título original: Horns
Director: Alexandre Aja
Guión: Keith Bunin (Novela: Joe Hill)
Música: Robin Coudert
Fotografía: Frederick Elmes
Reparto: Daniel Radcliffe, Max Minghella, Juno Temple, Kelli Garner, Joe Anderson, Sabrina Carpenter, Alex Zahara, Meredith McGeachie, Kendra Anderson, James Remar
Productora: Coproducción USA-Canadá; Mandalay Pictures / Red Granite Pictures
Año: 2013
País: Estados Unidos Estados Unidos

HORNS 1

Lo único que sabemos –sin haber leído la novela- al empezar la película, producto de la deducción fácilmente alcanzable de la previa visión de su tráiler es que el protagonista es un tío inculpado del asesinato de su novia, al que, misteriosamente tras pronunciar una frase tentando al diablo para que le diera las armas necesarias para descubrir quién cojones mató realmente a su novia, le crecen unos cuernos muy bonitos en la frente. Como habréis podido adivinar hablamos hoy de Horns, la recientemente estrenada película de Alexandre Aja.

Admito que todo suena muy delirante, y esto se acrecienta cuando por medio de una reflexión metafísica sobre la mentira inherente a la raza humana y lo relativo a la verdad, la película nos introduce en un bucle que avanza acaloradamente a través de las locuras protagonizadas por gente que tras acercarse a nuestro futuro héroe termina confesando sus más escondidos secretos de las formas más insospechadas, diversas, e incluso violentas –la película cuenta incluso con su “momento Tarantino”-, bien regadas con dosis garrafales de un, quizás predecible, pero al mismo tiempo agradecido entablamento cómico que corona con el frontón de un ritmo continuo y muy bien construido a través de lo que se convertirá en una espiral de barbarie sin desenfreno, en la que todo cabe.

Y es que en Horns todo es increíble y creíble. Un cuento irreal y real que además nos hace reflexionar, nos encoge el corazón, y nos hace reír al ritmo de incongruentes sucesos. Desde una excitante trifulca montada por unos periodistas en busca de una exclusiva al ritmo de uno de los grandes éxitos de Marilyn Manson, o la ida de olla de un camarero que quema su bar mientras ríe sin atisbo de cordura entre tipos que quieren matar a su vecino porque les puso los cuernos con su mujer, incluso un señor cuya máxima aspiración son  sus ansias incomprensibles por mostrar al mundo su, por lo que se ve –que es poco por no decir nada-, más que bien dotado aparato masculino.

A través de una serie hilarante de situaciones inverosímiles se construye poco a poco el drama, y  al personaje que protagoniza la película. Un personaje que, en mi opinión, es amablemente interpretado por un Daniel Radlife que lejos está ya de los tiempos potterianos.

A través de una serie de situaciones se nos presentan gran cantidad de reflexiones que parecen confluir al final de la película.

En primer lugar cabe señalar el gran despliegue que tienen en la película los símbolos y argumentos religiosos. Convirtiendo a cada personaje en el símbolo de uno de los pecados capitales, apoyando las imágenes con algunas lapidarias frases como la que respalda la idea de que en un mundo donde nadie puede ser perfecto cada uno elige qué pecado le representará.

Una camarera vanidosa dispuesta a cualquier cosa para triunfar, una amiga obsesionada con la comida por una carencia afectiva que cae en la gula, un hermano al que parece que sólo le importa contemplar como su avaricia construye una montaña de droga a su alrededor, dos policías reprimidos que esgrimen como arma la soberbia tratando de ocultar lo que son por miedo a desafiar al mundo, dos doctores lujuriosos incapaces de reprimir el morbo de consumar durante una operación y una tropa de personajes iracundos en busca de venganza, son solo algunos de los pecados encarnados en personajes con los que nuestro desgraciado héroe se topará en su viaje interior-exterior en busca de verdad y venganza.

Pero nuestro héroe no es alguien cualquiera, ni tiene cuernos por casualidad. Nuestro héroe encarna al demonio. ¿Cómo puede convertirse el demonio en un héroe? Aquí entra el papel del demonio como el ángel que calló y busca encontrar a los pecadores, por ello cada persona que le encuentra dice la verdad, le muestra su interior, revelando cosas incómodas y a veces comprometedoras, unas veces más delirantes que otras, pero en cualquier caso, mostrando la esencia de sus pensamientos secretos y confesándole todos sus pecados. El pecador perecerá ante él,  y quien no tenga nada que confesar no tendrá que temer.

Lo cierto es que Horns es la historia de un inocente que ha elegido un destino terrible para descubrir la verdad, lo que no es un argumento muy original, es más, la trama nos presenta notables guiños al caso de El Cuervo (Alex Proyas, 1994), pero sí se muestra original en muchos otros aspectos como el simbolismo.

Destaca la serpiente como leitmotiv en la construcción de un imaginario bíblico, aquel viejo animal pervertidor de la inocencia se desvela ahora como instrumento castigador de los pecadores, encontrando al final su auténtica apoteosis en el juicio final del verdadero asesino donde se contarán hasta siete serpientes, una por cada uno de los pecados capitales. La última en entrar en escena será la serpiente negra, aquella que encarna el que la película dejará como el pecado más despreciable de todos, la envidia que somete al hombre a todos los demás pecados y es la prisión de aquel que fue capaz de exterminar a una mujer inocente, porque no soportó la idea de que nunca podría tenerla.

Pero más importante que el ritmo, el simbolismo, la estética –en mi opinión bien conseguida caracterización, de hecho, con la dificultad técnica que entraña una labor como la desempeñada en ciertas escenas del filme-, o el uso subjetivo de la cámara –muy bien empleado en determinadas secuencias que muestran, en varios momentos durante la película; uno de ellos al principio cuando la imagen aparece del revés, cómo el mundo de nuestro héroe se torció de un día para otro sin solución, o en otro momento los enfoques, desenfoques y extrañas transiciones y fundidos que revelan el punto de vista de un yonki que sucumbe ante sus delirios-.

Pero más importante que todo esto me parece, aunque no sea nada del otro mundo, todo sea dicho, la esencia de la historia.

Es aquí en donde entra el por qué esta historia me tocó. No fue porque verdaderamente sea algo excepcional, ya que no lo es. Pero sí versa sobre lo que quizás sean dos principios universales. El amor, y lo que es más importante que el amor, la verdad.

Nos encontramos con un héroe que nunca fue en la vida más que alguien que amó con todo su corazón a otro alguien. Alguien que después de perderlo todo se encontró con la posibilidad de arreglar un asunto pendiente. Una persona que sabe que su vida ha perdido el sentido y solo la muerte se lo devolverá. Un viaje emprendido por amor, que se completará por la pura necesidad de conocer la verdad.

Como todo héroe que se precie, se convierte en tal porque ya ha perdido lo que más amaba. No busca ganar, porque ya lo ha perdido todo. Un no héroe que se vuelve consciente de que cuando has perdido lo que más amabas solo queda una cosa que buscar.

HORNS 2

Sólo busca la verdad. La verdad para ella, la que fue la persona más importante de su vida –algo que podremos ir descubriendo poco a poco en una sucesión de enternecedores flashbacks que nos permiten adentrarnos indiscriminadamente y quizás sin derecho en la intimidad de una historia que no nos pertenece pero puede perfectamente recordarnos a algo que vivimos en algún momento de nuestras vidas-.

Como buen héroe, buscará esa verdad hasta encontrarla o perecer, pero una cosa es cierta, los buenos héroes no sobreviven a sus guerras, quizás perdidos desde el inicio, las emprenden con la esperanza del ser escindido que aguarda reconstruirse para finalmente desaparecer, reuniéndose al fin con lo que más amó.

En el nombre del amor, ahora te nombro. Quizás nada salga como pediste, amigo. Quizás nunca fuiste un héroe porque jamás pediste serlo, y porque no te importó lo que los demás pensaran de ti. Tan solo importó la verdad y la posibilidad de reencontrarte con aquello que te fue arrebatado. El amor de aquella mujer a la que siempre buscaste y siempre buscarás. Estés donde estés ahora, querido anti-héroe, sé que te reuniste al fin con ella.

… y fue un placer seguirte en tu viaje.

HORNS 3

Lucía E. Colom

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