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Disco: Drones (2015)

 Artista: Muse

 Género: de todo un poco

 Duración: 50:61

 Canciones: 12

drones portada

  Tres años después del – y en esto creo que coincidiremos todos – mediocre The 2nd Law, Muse vuelve con disco fresco bajo el brazo. Drones está lejos de ser el esperado back to basics que el trío de Teignmouth llevaba tiempo prometiendo, pero por otra parte, sí se trata de un esfuerzo evidente por centrarse en los riffs y dejar de lado la experimentación por la experimentación. Matt esta vez decide afinarse en Re y dejar a sus dedos obrar la magia de la música en vez de relegar la tarea a un ordenador. Y es que en un disco conceptual que advierte sobre los potenciales peligros de las conciencias artificiales, inevitablemente tenía que primar el elemento humano. No quedaba otra.

  Hay que dejar claro desde el principio que Drones es un disco conceptual sólo en el sentido en que cuenta una historia, de hay una continuidad y un personaje común entre las diferentes canciones. En Dead Inside, nuestro protagonista queda destrozado tras una relación fallida y se siente vacío, perdido y a la deriva. Una masa informe e inanimada, el objetivo perfecto para ser moldeado y transformado por esas conciencias sin escrúpulos que sólo buscan el beneficio propio. Así, el personaje sucumbe y queda convertido en un “dron” al servicio de poderes conspiratorios y malignos. Obviamente, al final se da cuenta, se rebela, consigue liberarse y blah blah blah. Ya os sabéis el final.

  No me van las operas rock, esto es un hecho. Salvando The Wall me parecen un ejercicio aburrido y limitante. Soy partidaria de que los discos tengan un hilo, un sentido conjunto, no que sean solo colecciones de canciones sin ninguna relación entre sí. Pero de ahí a hacer una historieta, bueno… Hay un paso.

  Es por ahí por donde el disco flojea, en mi opinión. Pero entiendo que el amigo Bellamy tampoco podía ponerse muy profundo y descaradamente personal, pues cuando la ruptura de tu relación con una actriz de Hollywood se ha convertido en algo de dominio público, lo último que quieres es a un montón de gente de la prensa especulando sobre lo mucho que tratan tus canciones de ese tema. Sin embargo, es imposible no establecer ciertos paralelismos, líricamente hablando, a pesar de la ya mencionada “gesta heroica” del protagonista, que sirve más bien para enmascarar esos sentimientos que emanan de forma natural al acabar una relación.

  Lo que es un hecho es que, a ratos, el nuevo Muse suena al viejo Muse, y, sin duda, es en esos momentos cuando más brilla. Al escuchar canciones como la magnífica The Handler tienes la sensación de que podría tratarse de un corte descartado de Origin of Symmetry o Absolution, conservando esa locura inicial pero de una forma madura y evolucionada.

  Otras, sin embargo, nos retrotraen más a lo que el trío venía haciendo desde The Resistance, como Defector con sus toques a-la-Queen o la eléctrica Dead Inside que parece el homólogo en este disco de temas como Undisclosed Desires y Madness en los dos anteriores.

  No nos libramos de momentos bombásticos y orquestales, que ralentizan el ritmo y desentonan un poco entre tanto riff duro de guitarra. Y de algunos bastante olvidables como el estribillo de Revolt, que casi suena a la intro de una serie noventera estilo Friends, tan genérico que resulta difícil creer que estos sean los mismos Muse que en su día compusieron cosas de la talla de Butterflies and Hurricanes o Apocalypse Please. Puede que sea cosa de la influencia de las radios americanas. Quien lo sabe.

  The Globalist es una obra sinfónica-épica de más de diez minutos inspirada por Ennio Morricone y llena de guitarras western haciendo uso extensivo de la técnica del slide. En los primeros minutos da la impresión de que en cualquier momento Clint Eastwood va desenfundar el revolver que guarda debajo del poncho y a dar su merecido a esos ladrones y asaltadores de caminos que campan a sus anchas por el desierto. Pero en realidad The Globalist no tiene nada que ver con esto, sino que es una especie de aparte en el disco que cuenta su propia historia, de principio a fin. Esta vez el protagonista obtiene el poder y erige un estado nuclear que acaba por destruir el planeta.

  Bellamy siempre con sus obsesiones apocalípticas y conspiratorias.

  Mención especial merece el último corte del disco, que es de lo más wtf que he tenido la oportunidad de escuchar en bastante tiempo. Se trata de una -¿canción?- Inspirada en una pieza coral del siglo XVI compuesta por el italiano Giovanni Gabrieli. Y por su puesto, es enteramente acapella, con un coro de Matts entremezclándose y repitiendo ad infinitum “Killed by drones… my mother, my father, my sister, my brother, my son my daughter… killed by drones”.

  Sin duda, un cierre temáticamente apropiado.

  En suma, esta vez el paso hacia delante se ha hecho mirando hacia atrás y creo que ha sido todo un acierto. Realmente, la segunda mitad del disco es algo decepcionante, demasiado previsible y poco inspirada. Pero desde luego el arranque es inmejorable. Con todo el hype que había despertado, mis expectativas eran difíciles de cumplir. Sobre todo después de haber tenido la oportunidad de verlos en la mini gira que hicieron el marzo pasado por Reino Unido. En esas salas pequeñas, ofrecieron algunos de sus conciertos más íntimos desde hacía años y tocaron material de Drones que todavía no había salido a la luz. Las canciones sonaban tan potentes en directo, que me ilusionaron e hicieron esperar mucho más de lo que este disco ha resultado ser finalmente. Es lo que tiene Muse en directo, que es capaz de hacer que hasta la canción más mundana suene a himno de estadio.

  Muse ha reconectado con el rock de nuevo, pero todavía quedan restos de la autocomplacencia propiciada por la seguridad que da el saber que tienen una comunidad fan tan grande y obsesiva que les apoyará hagan lo que hagan. Pero es innegable que tras el patinazo de The 2nd Law, vuelen a estar en el camino correcto.

Carlota M.

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