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Decía el filósofo Walter Benjamin que«La actividad literaria relevante sólo se puede dar cuando se alterna del modo más estricto la acción y la escritura.»1 Que en la época de la reproductibilidad masiva de lo escrito el escritor no puede ya reducir la literatura al mamotreto, al grueso volumen meditado, y que debe adaptarse a la vertiginosidad de la publicidad.

Pero Benjamin vivió en la época, a principios de siglo XX, en que la rapidez y masividad de reproducción de lo escrito eran una novedad, en que se creía que había que adaptarse a tal rapidez para estar a la altura del momento; esto es, para ser moderno.

art is not a crime

Hoy, con ya un vertiginoso siglo a las espaldas las sensibilidades piden otra cosa: piden permanencia. Skinny Cap (Libros de la Herida, 2014) de Martha Asunción Alonso (Madrid, 1986) es identidad. Es homenaje. Skinny Cap >reivindica una escritura que, en efecto, no se circunscribe a la horizontalidad del libro, sino que se inscribe en una verticalidad que no exige levedad como la del cartel o el folleto: se inscribe en el muro.

Skinny Cap es un canto por la añoranza del escenario de una infancia y una adolescencia, y por la inmortalidad de los autores de este escenario. La inmortalidad de estos autores no es otra que una ya reconocida en aquella urbe petrificada por el Etna: Pompeya. Abre el poemario una cita de uno de aquellos grafittis anónimos:

Quienes aman, que florezcan. Que perezcan quienes no aman.

Que mueran dos veces aquellos que prohíben el amor.

Cita que podemos interpretar en este sentido: que mueran dos veces aquellos que prohíben esta otra poesía, aquellos que prohíben el graffiti. Este género literario es, como dice Martha Asunción Alonso, heredero de la quiebra del papel. Efectivamente, hoy hay que hacer graffiti si quisiéramos ser absolutamente modernos. Pero no es por esto exclusivamente (pues esto es opinión del crítico), sino porque «la diferencia/ entre el papel y el muro,/ es la misma que existe entre DECIR/ y HACER»2

Para la autora el momento exige homenaje. Homenaje a aquellos escenarios en que se crió su generación y quizá algunas otras. Así se describe el libro en la cubierta: «Retrato hermano de una generación en éxodo de hijos del extrarradio y los grandes sueños-dormitorio.» El poemario nos retrata cómo florece la vida joven entre la pintura en aerosol y rotulador, muestra la nostalgia por un mundo que, por no suficientemente valorado, desaparece entre la limpieza institucionalizada y la ignorancia o, como el graffiti de Muelle en la Calle Montera de Madrid, a causa del «Ayuntamiento, las redes, los andamios y titularidades privadas.»3

Ignacio Redrado

1Benjamin, W., Calle de dirección única, Madrid, Abada, 2011, p. 9.

2Alonso, M. A., Skinny Cap, Sevilla, Libros de la Herida, 2014, p. 32

3Ibid., p. 67.

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