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  Jorge Isaacs (1837 – 1895), nacido en el seno de una familia acomodada;  fue un escritor colombiano cuya obra cumbre, publicada en 1867, fue María, texto conocido como la mejor representación de la novela romántica del siglo XIX en Hispanoamérica. Su repercusión en la época fue tal que se difundieron unas veinte ediciones desde que se publicó hasta el final del siglo.

  La novela habla de un amor imposible entre dos niños, un amor inviable entre dos hermanos (¿Quién dice que es la sangre la  que engendra la fraternidad?) cuyas vidas son separadas en su más tierna infancia, cuando el amor y el cariño aún no se distinguen bien. Pero el destino les juega una mala pasada y les vuelve a unir. María lleva guardando su particular causa de amor a su particular enamorado Efraín; y a su regreso los sentimientos no se hacen esperar. María lucha consigo misma, es un conflicto entre razón y corazón (y también podría ser una disputa entre realismo y romanticismo). Está claro que lo ama, pero también ama a su familia, a la que no quiere contrariar, ni puede lidiar (acaso no tendrá fuerzas) contra los designios de la vida social del momento. Su amor incondicional hacia Efraín lo puede todo, o casi todo, puede con sus dudas, con su enfermedad; pero no podrá con la muerte (¿o sí?). Porque el amor de María es un afecto piadoso, idílico, puro e inocente; que en efecto traspasa lo terrenal y se sitúa en lo divino, en lo etéreo, y eso lo hace aún más puro si puede.

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  La prosa es sencilla, humilde, espontánea, cualidades no sólo atribuibles a las palabras sino también a la propia María, heroína de la desgracia, diosa de los infortunios… Aunque personaje pasivo y contemplativo, soñador y fantasioso (culmen romántico), pues es Efraín el que encarna la acción, la lucha de los sentimientos, los viajes, sus enfrentamientos con su madre, con Emma, con su padre…

  La doble visión literaria, no sólo recae en el conflicto interior de María, sino que los propios protagonistas podrían representar las dos caras de una misma moneda (que es la literatura). María es el romanticismo personificado mientras que en Efraín hay más referencias reales y autobiográficas. Es un testamento amoroso vital en primera persona.

  Isaacs señala que “estas notas autobiográficas” (la novela de María al fin y al cabo) no son publicadas por él mismo, sino que las recibió de un amigo del malogrado Efraín, con el fin de tratar de poner cierta distancia con el texto (que obviamente es una creación del propio Isaacs). Aunque no pudo evitar basarse en  sus propias experiencias personales para crear la figura de Efraín; como los cinco (seis en el personaje) años que pasó en el colegio del doctor don Lorenzo María Lleras en Bogotá, dónde emprendió estudios de medicina (aunque no llegara a graduarse) o la imagen de los paisajes del Valle del Cauca, de dónde él es descendiente.

  Que la acción se desarrolle precisamente en el Valle del Cauca sirve como pretexto para encauzar otras alternativas literarias en boga de la época. Las tradiciones de la región, sus formas de vida y cultura son descritas al modo costumbrista; con gran gusto y detalle.

  Pero es el romanticismo en su más ingenuo parecer el que triunfa en la novela (¿es la tragedia un triunfo?). María muere. Pero no de cualquier forma, es una muerte anunciada, paulatina, pero muy romántica: muere de amor. Es un hilo de vida lo que le une a Efraín, que intenta llegar al lecho antes que la Muerte, pero ésta burlándose de él lo alcanza. Se plantea la sinrazón de sus vidas, separados en su niñez, incomprendidos por las circunstancias y separados por la muerte. Recuerda esta tragedia a otras grandes tragedias clásicas como la de Helena y Paris, Marco Antonio y Cleopatra, Tristán e Isolda, Romeo y Julieta o los amantes de Teruel. ¿Qué es la Historia sino una historia, protagonizada por el amor y las lágrimas?

  No está de más, de vez en cuando sumergirse en el nebuloso mundo de los sueños, los anhelos, los deseos… María te transporta a otra realidad, a un universo paralelo, o no tanto, en el que los sentimientos que están a flor de piel se dejan florecer, se prestan a la luz del sol para que decidan por ellos. Ese es el destino. Esa es María. No puede haber un título más acertado. No es nada personal. María, María, María…

María Puente Giménez

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