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“En Francia existe un viejo refrán que dice «estúpido como un pintor». El pintor era considerado estúpido pero el poeta y el escritor eran muy inteligentes. Y yo quería ser inteligente. Tuve que pensar en inventar. No sirve de nada hacer lo mismo que hacía tu padre. Ni ser otro Cézanne. En mi época visual existe algo de esa estupidez del pintor. Toda mi obra del periodo anterior al Desnudo era pintura visual. Pero luego llegué a la idea. Me pareció que la formulación ideática era un modo de apartarme de las influencias”.

Marcel Duchamp

¿Qué tienen en común el Urinario  de Duchamp, un lienzo de Fontana, Blanco sobre Blanco de Malevich, la mierda de Manzoni  y The physical impossibility of Death in the mind of someone living de Damien Hirst?

A parte de ser dignas de contemplar, lo primero que asaltaría la mente de cualquier persona que no esté inmersa de lleno en las extrañas vicisitudes del arte contemporáneo –y ojo que, por el momento, lo más contemporáneo de lo nombrado es la obra de Hirst, que no es precisamente de antes de ayer-. Entiendo que hay dos posturas con las que enfrentarse a este tipo de obras, la primera es que llegar como si tal cosa a una exposición, asentir como si lo que ves verdaderamente te dijera algo, o simplemente encogerte de hombros y flipar cuando sin darte cuenta de repente te ves en mitad de una sala donde vuelan mariposas por todas partes –si vamos a ser honestos, a mí me pasó-, al margen de todo esto, lo primero que puede pasarle por la cabeza a cualquiera será algo así como ¿Qué mierda es esto? –una pregunta que en el peor de los casos se convertirá en un ¿Esto es arte?-.

Pues bien. Sí, mal que le pese a mucha gente todavía hoy, así es: un tiburón en formol puede ser arte. Y retomando nuestra reflexión anterior, lo que todos estos maravillosos objetos tienen en común no es otra cosa que erigirse como hitos en la carrera del objeto al concepto que disputó el arte durante nuestra querida antecesora centuria.

The physical impossibility of Death in the mind of someone living. Damien Hirst

The physical impossibility of Death in the mind of someone living. Damien Hirst

Toda esta situación ha convertido la afirmación “Esto no es arte” –sobre todo cuando llegamos a algún museo donde impere “toda esta aberrante barbarie de cosas incomprensibles”– en el pan nuestro de cada día.

No voy a contestar a la pregunta ¿Qué es arte? Porque el mero hecho de intentarlo sería terriblemente arrogante por mi parte. Pero si pretendo intentar acercar, acercaros a todos y cada uno de vosotros al arte de nuestro tiempo. Porque, lo queráis o no, el concepto es nuestro momento.20150222_140010

Voy a tratar de invitaros a adentrar vuestros ojos y vuestras mentes en un mundo más sensorial y complejo que el del arte tradicional. No sin antes advertiros de la realidad: si me escucháis y logro captar vuestra curiosidad, el viaje emprendido será un viaje sin retorno.

Lo primero que debemos saber es que el arte conceptual es un lenguaje aparte de todo. Es el arte por el arte. Un mundo de encriptados significados que pueden –o tal vez no- ser profundos. Un lugar en donde el objeto bello y venerable desaparece para convertirse en un jeroglífico cuyo significado hay que desentrañar cuidadosamente y que constituye un reto para las mentes inquietas –es decir, para la mente de cualquier persona con algo de predisposición, porque esto no es para entendidos, esto es para todos, solo que a veces el mensaje se distorsiona y requiere un poco de curiosidad para ser comprendido-.

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Como primer contacto –y existiendo muchas otras posibilidades- me gustaría hablaros de la obra de una artista española mexicana de adopción, Marta Palau, nacida en 1934, que recientemente ha tenido una muestra en la Lonja de Zaragoza de su exposición Tránsitos de Naualli –verdaderamente digna de contemplar, y de la que adjunto algunas fotografías-.

Para comprender un poco mejor su obra debemos dar una oportunidad al concepto y abandonar por un momento el objeto, aunque, ante una producción de inusitada belleza como lo es ésta, incluso nos va a resultar difícil.

Sobre el significado de las obras más tendentes a lo conceptual se especula mucho, pero podemos decir, sin lugar a dudas que la suya es una obra que aborda conceptos claramente de género, conceptos de identidad –algo que, por otra parte, quizás el arte latinoamericano más actual ya ha superado para adentrarse de lleno en temáticas más globales, pero que en este caso no deja de estar justificado-, una firme lucha en pos de la igualdad y los derechos, de la mujer y de los pueblos, partiendo por caso de la ancestral cultura azteca.

Todo sea dicho que en la obra de Marta Palau, aunque lo conceptual sea importante, tal vez lo formal lo eclipse en primera instancia. Se trata de una obra que parte de técnicas como la cerámica, incluso el tapiz –que aprendió en un taller en Barcelona-, a la vez que suma elementos expresionistas, y una herencia muy marcada del arte primitivo y el land art –arte realizado con elementos de la naturaleza en estado puro sin modificar y a menudo en el entorno natural para erigirse como fórmula efímera de alterar la naturaleza-.

Sin embargo es aquí donde quisiera hacer hincapié en la verdadera riqueza conceptual, lo que podríamos llamar una doble riqueza. Primero por su múltiple significado, respecto al cual Marta Palau ante la pregunta “¿Y esto quiere decir?, responde: “Es lo que es, lo que ves, te gusta o no te gusta. Es tu propia interacción con la obra la que te proporciona información. Cada persona es diferente y los sentimientos evocados los siente diferente, los analiza diferente, y los procesa diferente”. Y por otro lado, algo a lo que a su vez alude la autora en esta breve declaración de intenciones: la capacidad del arte conceptual para inducir algún tipo de reacción, pensamiento, o sentimiento (que puede ser bueno o no tan bueno). Una capacidad para no dejar indiferente, de la cual su obra hace verdadera gala.

La sensación de adentrarte en el universo de su obra es muy cálida, mágica, casi tanto como el realismo mexicano, una sensación que logra trasmitir la esencia de una cultura extinta, ancestral. Un lugar en donde el eco de una cultura desaparecida se entrelaza con las voces de algunos de los sórdidos problemas que azotan a México hoy, como el drama que muchas mujeres enfrentan día a día, simplemente por ser mujeres.

Esto es el concepto, esto es el arte actual, es parte de lo que somos como el arte ha sido siempre parte de la esencia humana. A día de hoy, negar el concepto es negar lo que somos, y el momento en el que vivimos. Un momento que ha de vivirse, apasionada, y libremente.

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Mi reflexión es pura y personal así que la guardaré entre los pájaros de mi mente. Casi tanto como la verdad mentirosa que se desvanece tras la creencia en una verdad universal. Aquí dejo sus huellas, las huellas conceptuales de Marta Palau, para invitaros a recorrer este sinuoso camino por la historia de México. Pero esa no es la cuestión, la cuestión es: ¿Se han extinguido aquellos ecos?… yo creo que todavía se escuchan.

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Lucía E. Colom

Un pensamiento en “Nuestro momento es el concepto: desde los tránsitos de Naualli

  1. Sinceramente creo que este artículo son “dar patadas de ahogado”, de defender lo indefendible. Después de medio siglo de ver porquerías injustificables, la gente por fin se esta cansando y quieren lo tangible, lo que pueden poseer y dar valor en sus vidas cotidianas. Lo siento mi estimado articulista pero tu “arte concepto” ya esta viviendo su último par de décadas.

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