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El otro día me encontraba en una cena de Psicólogos sin Fronteras, asociación donde soy voluntaria desde hace algún tiempo. Allí, a pesar de su nombre, no todos somos psicólogos, sino que también hay trabajadores sociales, periodistas y otros profesionales. En esta cena, una de las que sí eran psicólogas nos estaba contando una discusión reciente que había tenido, ante lo que otra le contestó: “Eso es porque no eres asertiva”. Entonces, uno de los periodistas se rió y dirigiéndose a una trabajadora social le dijo: “Esto sólo pasa entre psicólogos… ¿Crees que en una cena normal con amigos se suele responder ante el relato de una discusión «Eso es porque no eres asertivo»?”.

He de decir que no le faltaba razón. Sin embargo, soy de la opinión de que todos, psicólogos o no, deberíamos conocer qué es la asertividad, trabajar para mejorarla en nosotros mismos y ponerla en práctica. Si todos fuéramos más asertivos, habría menos violencia en el mundo y los conflictos se resolverían con mayor facilidad; además se evitarían todos los llamados pseudoconflictos, que son aquéllos provocados por malentendidos y que, por tanto, no son conflictos reales, ya que no hay diferencia de intereses.

¿Qué es la asertividad? Este término hace referencia a un estilo de comunicación que se basa en defender nuestros derechos, intereses y opiniones respetando los de los demás. Se suele explicar en contraposición a los estilos agresivo y pasivo. En el estilo agresivo, se impone lo propio por encima de lo de los demás y en el estilo pasivo se evita el conflicto, por lo que se tiende a ceder ante los demás, de forma que no se defiende lo propio.

La persona asertiva sabe escuchar, empatiza, utiliza mensajes YO, es capaz de exponer sus opiniones y sentimientos, defiende sus derechos sin los sentimientos de los demás y respeta los pensamientos ajenos. También ejerce influencia sin abuso de autoridad, acepta a las personas, expresa lo que no le gusta de los demás con respeto y controla su ansiedad. En definitiva, sabe que tiene derecho al respeto pero no al afecto de todos y se sabe responsable de sí mismo pero no de los demás.

Entonces, ¿cuál es la primera tarea para ser asertivo? Sin duda, escuchar. Pero escuchar de verdad, lo que en psicología llamamos escucha activa. Esto quiere decir que además de a las palabras, también se presta atención a los gestos y expresiones de nuestro interlocutor, entendiendo el significado de lo que dice, y asegurándonos de que lo estamos entendiendo. ¿Cómo tener claro que se ha comprendido todo? Fácil: preguntando.

Una vez tenemos claro lo que nuestro interlocutor quiere expresar, qué piensa y cómo se siente podemos pasar a la segunda tarea: expresarnos. Esto significa ser claro, hablar tranquilamente y asegurarnos de que nos entienden. En primer lugar hay que expresar lo que se piensa u opina, y una vez esto queda claro, hay que decir cómo creemos que debería solucionarse el problema.

Ilustración de Miguel Hernández Navarro

Ilustración de Miguel Hernández Navarro

A la hora de expresarnos tenemos que tener claros nuestros derechos en la comunicación, los llamados derechos asertivos. El derecho asertivo primordial es el que permite juzgar en última instancia todo lo que somos y todo lo que hacemos. Sobre este derecho se desarrollan los demás, que son los siguientes:

  1. Derecho a ser tratados con dignidad y respeto
  2. Derecho a tener nuestras propias opiniones y valores
  3. Derecho a experimentar y expresar los propios sentimientos, así como ser sus únicos jueces
  4. Derecho a cometer errores y a ser responsables de ellos
  5. Derecho a no dar razones o excusas para justificar nuestro comportamiento
  6. Derecho a cambiar de opinión
  7. Derecho a decir no lo sé, no lo entiendo o no me importa
  8. Derecho a pedir lo que queremos
  9. Derecho a rechazar una petición o decir que no sin sentirnos culpables
  10. Derecho a protestar cuando se nos trata injustamente y a intentar cambiar lo que no nos satisface
  11. Derecho a tomar decisiones ajenas a la lógica o a hacer afirmaciones que no tengan una base lógica sin la obligación de justificarlas
  12. Derecho a escoger no comportarnos de forma asertiva

En definitiva, tenemos el derecho a hacer o decir cualquier cosa siempre que no violemos los derechos de los demás. Y he aquí el problema. Muchas veces recordamos nuestros derechos, pero nos olvidamos de que no sólo son nuestros derechos, sino que también lo son de los demás, e igual que queremos que los demás respeten nuestras libertades, tenemos que respetar nosotros las suyas. Cuando nos olvidamos de esto, intentamos imponernos, lo que se traduce en una forma de comunicación agresiva.

¿Qué conseguimos siendo asertivos? Sostenemos y ampliamos el respeto y la confianza en uno mismo, creamos relaciones interpersonales adecuadas y conseguimos las metas que nos proponemos.

Pensad en vuestra vida diaria, ¿cuántos malentendidos y discusiones podríais haber evitado o se habrían resuelto más fácilmente si hubierais sido más asertivos?

Ahora ya sabes cómo puedes ponerle solución ¡Desarrolla tu asertividad!

Laura Castillo Eito

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