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“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos” es como Cortázar describe la relación entre Horacio y la Maga en Rayuela. Mi encuentro con Mark Strand es, salvando las distancias, algo así, porque en algún momento nos íbamos a encontrar, faltaba el cómo y dónde.

Por curiosidad, una mañana de domingo aparecí, después de un bucle de enlaces de webs interminable, en un artículo que hablaba de la muerte reciente de este poeta canadiense y hacía un viaje por su trayectoria poética. No sé por qué pero me pareció interesante, así que, en cuanto tuve la oportunidad, me hice con su obra más reciente, Casi invisible. Lo nuestro fue amor a primera vista.

Casi invisible es un conjunto de poemas en prosa, un poemario un poco fuera de lo común, una sucesión de pequeñas escenas cotidianas vislumbradas desde el prisma de la nostalgia y la irrealidad, desde lo real hasta una honda reflexión.

Strand echa la vista atrás en su obra y en su vida y recrea un ambiente nostálgico en el que un anciano rememora los trenes que no cogió a lo largo de su vida y las decisiones que llevó hasta el final mientras se toma una taza de café amargo.

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AGOTAMIENTO AL ATARDECER

El corazón vacío regresa a casa después de un atareado día en la oficina. Y qué va a hacer un corazón vacío sino vaciarse de vaciedad. Borrar lo imborrable requiere un esfuerzo mental, el empleo inútil de facultades ya sobrecargadas. Pobre corazón vacío, envejecido antes de tiempo, cómo se esfuerza por hacer lo que la mente le dice que haga. Pero el esfuerzo acaba en nada. El corazón vacío no puede hacer lo que la mente le ordena. Se sienta en la oscuridad, sueña despierto y el vacío crece.

Escritor laureado y con numerosos premios y becas a la espalda, Mark Strand quiso ser, como el mismo reconoció en varias entrevistas, pintor antes que escritor. Sus obras dan muestra de esta pasión, con escenas perfiladas, visiones sugerentes de la realidad, trazos casi invisibles.

Además de poesía, Strand fue escritor de obras en prosa, fue un reconocido editor de otras obras poéticas y un gran conocedor y amante de la poesía de Rafael Alberti y de Octavio Paz, a los que tradujo al inglés y con los que comparte ambientes de encuentros insospechados y reflexiones introducidas en la vida diaria de manera natural.

Me gusta Strand o por lo menos lo poco que conozco de él. Consigue en menos de una docena de líneas crear una situación adornada con metáforas deslumbrantes -en el sentido más etimológico de la palabra, ya que, si te acercas a leerlo, verás que la luz y la oscuridad juegan un papel esencial en el mundo poético de esta obra- y (re)crear personajes y sentimientos pero, sobre todo, consigue enternecerme.

También es cierto que dentro de este mismo libro, así como otros poemas a lo largo de toda su obra poética, encontramos composiciones más sencillas y escuetas, más parcas en palabras y más escasas en sensaciones. Sin embargo, esto añade dinamismo a la obra y crea una obra compleja y completa en la que caben muchos registros conceptuales y literarios.

Su obra está publicada en español en la editorial Visor poesía, que en este caso, como suele hacer generalmente en todas sus publicaciones, ofrece tanto el texto original como una traducción. Además, el precio es muy asequible y por menos de 10 euros podemos hacernos con este poemario que no deja a nadie indiferente.

SALA DE URGENCIAS EN EL CREPÚSCULO

El comandante retirado estaba molesto. Su habitación en el castillo era fría, al igual que la habitación del otro lado del pasillo y todas las demás habitaciones. Nunca debió comprar este castillo cuando había tantos otros en venta, más baratos, más cálidos. Pero le gustaba la apariencia de éste -sus torres de piedra elevándose en el aire invernal, su portón principal, incluso el foso congelado, sobre el que pensaba patinar algún día, tenían un plateado encanto. Se sirvió un brandy, encendió un puro e intentó concentrarse en otras cosas- sus muchas victorias, la valentía de sus hombres-, pero sus pensamientos daban vueltas en pequeños remolinos, deteniéndose primero aquí, luego allá, moviéndose como lo hace el viento de ciudad desierta en ciudad desierta.

Luna

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