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Banda: Lee Ranaldo

Lugar: Sala López

Aforo: 450 personas

Ciudad: Zaragoza, España

Fecha: 7 de marzo de 2015

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Es bastante difícil reinventarse como músico y como persona después de haber sido una de las caras más reconocibles del noise-rock durante unas tres décadas, pero a sus 59 años, Lee Ranaldo ha demostrado que no le tiene miedo a nada y que es tan capaz de descargar oleadas de ruido blanco sobre miles de adolescentes enloquecidos como de calzarse una americana y sentarse, acústica en mano, a regalarnos versiones simplificadas hasta el extremo de sus canciones más íntimas.

No sé si fui la única que se sorprendió al entrar en la Sala López y ver un montón de sillas colocadas de cara al escenario. Tampoco sé si eso se hizo por demanda expresa del artista o fue fruto de la imaginación de los organizadores, pero la verdad es que dieron en el clavo. El tipo de espectáculo que el maestro del ruido estaba a punto de desplegar, requería esa clase de ambientación más cálida e intimista.

Ranaldo, con su eterno corte de pelo adolescente, ya completamente blanco por los años, salió a escena, donde sólo le esperaban una silla y un par de micrófonos. Arrancó directamente, sin presentaciones. No eran necesarias. Fue solo después de la primera canción cuando se aventuró a dirigirnos algunas palabras de agradecimiento; a nosotros por haber decidido acompañarle aquella noche y a la Sala López por haberle acogido. Ya había estado aquí antes, hará unos dos años, con su banda The Dust, interpretando temas su disco de 2012 Between the Times and the Tides y de Last Night on Earth y él mismo nos reconoció que eso de sentarse y tocar solo frente al público, en acústico, no era su habitual modus operandi, pero vaya, parece que algo tan ordinario para otros músicos era precisamente lo único que le quedaba por probar a este fanático de la experimentación.

Si por algo se caracterizan este tipo de conciertos es por crear exactamente la atmósfera apropiada para las confesiones y gracias a ello, anoche pudimos escuchar muchas de las historias que se encuentran detrás de las canciones mas personales de Lee.

Algunas fueron realmente conmovedoras, como por ejemplo cuando nos contó la historia de su amiga Christina, antes de tocar Xtina as I Knew Her. Explicando que de su grupo de amigos de la infancia y adolescencia, de todos ellos, ella era la única que parecía destinada a la grandeza. Lo tenía todo; era guapa, inteligente, divertida. Era en su casa en donde solían quedar siempre y ella era el centro. Sin embargo, en ese momento en el que cada uno emprende caminos distintos, mudarse, ir a la universidad, empezar a trabajar y todo eso, ella simplemente desapareció.

Y es que sus amigos y la juventud como objeto de añoranza están por todas partes. Uno diría que a la hora de buscar inspiración y diferenciarse de lo que venía haciendo con Sonic Youth, Lee ha decidido obviar esos treinta años de su vida y bucear en aquello que experimentó antes de la formación de la banda y también tras la disolución de ésta.

Así, encontramos a los mismos protagonistas en otras canciones como The Rising Tide, título sacado del nombre del barco que tenían los padres de Christina y que siempre estaba en el patio trasero de su casa, cubierto bajo una lona. La hermana de Christina, Valery, era una especie de post-hippie que un día llegó con ganas de enseñarles algo nuevo que acababa de conseguir, ese algo resultó ser nada menos que opio y bajo la lona de aquel barco, encerrados y seguros dentro de su universo particular, Lee tuvo sus primeras experiencias con las drogas. Pero tal y como nos lo contaba, estar ahí era algo más que colocarse, significaba otra cosa, un espíritu de comunidad y de incertidumbre, los mejores años de su vida, antes de separarse, antes de dejar de saber de esa gente que en ese momento lo eran todo para él. Estas canciones de Lee son un claro homenaje a la amistad adolescente y a esos momentos que nunca apreciamos lo suficiente hasta que ya han pasado.

Ambulancer es una elegía a su manera, dedicada a un buen amigo que se suicidó cuando todo parecía ir bien en su vida. Resulta inevitable escuchar las canciones de otra manera una vez que sabes exactamente a lo que se refieren. Hay veces que cada uno prefiere quedarse con su propia interpretación, pero no se puede negar que saber a quién van dedicadas o por qué fueron escritas hace que las valoremos de un modo diferente.

Aquellos que se acercaron esperando oír algo remotamente parecido a Sonic Youth, debieron de quedar absolutamente decepcionados al encontrarse con la faceta de cantautor de Ranaldo. Pero para mí esto muestra que es un artista inquieto y polifacético, alguien a quien no le gusta encasillarse y que prefiere desafiar esa imagen anclada en el tiempo que ha quedado de él, con una Jazzmaster hecha polvo colgada de los hombros y encorvado frente a la pantalla del ampli para conseguir feedback.

Neil Young fue una gran influencia para el disco acústico que grabó con su banda en Barcelona el año pasado. Y nos confesó algo azorado que con Sonic Youth siempre fue imposible realizar versiones de otros grupos, porque se les daba fatal aprenderse canciones que no fueran las suyas propias y porque siempre tenían las guitarras en esas afinaciones “tan jodidas”. Pero los chicos de The Dust son geniales sacando cualquier canción de oído y así fue como decidieron versionar Revolution Blues, original de Young, y grabarla en el disco.

Al igual que la juventud, la política es un tema muy presente en las canciones de sus últimos discos en solitario. Home Chds surgió en el momento de mayor apogeo del movimiento Ocuppy Wall Street. La casa de Lee en Manhattan se encuentra justo en frente del ayuntamiento, y claro, ahí siempre hay gente manifestándose por una cosa u otra. Para él, lejos de ser un fastidio, es algo genial que le permite estar conectado con lo que piensa la gente y tener información de primera mano. Así que Home Chds habla de eso, de la diferencia entre estar en la calle protestando u observándolo todo desde la tranquilidad de tu hogar.

A pesar del elevado componente nostálgico e intimista del concierto, la forma característica de tocar y componer del guitarrista, es la que es, y la agresividad con la que se entrega y aporrea esas cajas de madera con cuerdas, no tiene parangón. Su entrega es tal, que en un momento de éxtasis hizo saltar una de las cuerdas, pero siguió tocando mientras se le oía un “Oh Fuck!” un tanto resignado.

Los límites entre canciones quedaban difuminados por la necesidad constante de Ranaldo de que la guitarra estuviese sonando en todo momento. Y enlazaba una y otra a base de golpeteos sobre el puente o con la ayuda de un arco de violín. Esto hacía que los aplausos comenzasen siempre de manera algo tímida, pues uno no estaba nunca seguro de si había terminado ya, o realmente la canción continuaba. Pero eso no le podía dar más igual, porque sabía que nos tenía ganados desde el principio y nuestras caras de asombro no dejaban lugar a  dudas.

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Tras el concierto, se acercó a la zona de merchandising dispuesto a charlar un rato con cualquiera que quisiese acercarse.

Resulta de lo más chocante ver a una leyenda viva como es él, a alguien que ha hecho historia dentro de la propia historia de la música, acercarse tranquilamente a ti para intercambiar unas palabras y hacerse un par de fotos, con toda tranquilidad, como si eso fuese lo más normal del mundo.

Es una verdadera suerte que existan artistas como él, tan reales y con un amor verdadero por aquello que hacen. Y también lo es que en una ciudad como Zaragoza tengamos salas como la López, en las que poder disfrutar de ellos por mucho tiempo.

Carlota M.

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