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A menudo me descubro soñando con una sociedad ideal, utópica se podría decir, donde no hacen falta ni políticos ni fuerzas de seguridad, donde cada uno es libre de hacer lo que quiera y aun así se respeta a los demás, donde todos miramos por el bienestar del prójimo, no sólo del vecino sino también del que vive a 10000 kilómetros, creando así armonía e igualdad. Sin embargo, en seguida desecho la idea de esta utopía imposible, pues esta anarquía llevaría al caos. La gente no se respetaría y sólo buscaría su propio bienestar. Imaginaos: si ocurre existiendo las leyes y un sistema judicial, ¿qué pasaría sin los mismos?

Y entonces me pregunto el porqué. ¿Por qué nos comportamos así? Hay una posible explicación psicológica que viene de la mano de Kohlberg, un psicólogo evolutivo estadounidense que desarrolló su teoría en los años 60. Este autor estudió el razonamiento moral y su desarrollo, y propuso una teoría según la cual el desarrollo moral consta de tres niveles consecutivos con dos estadios en cada nivel, es decir, un total de seis estadios consecutivos.

El primer nivel es el preconvencional. Se caracteriza por la incomprensión de las normas o convenciones sociales. En el primer estadio, la persona se comporta moralmente para evitar el castigo. En el segundo estadio la persona es egoísta, busca su propio bienestar por encima de los demás y se basa en hacer a los demás lo que te hacen a ti o esperas que te hagan, lo que sería el «ojo por ojo, diente por diente».

El segundo nivel es el convencional. En este nivel hay un entendimiento de las normas y convenciones sociales que se acatan porque se ven útiles para mantener el orden social. En el primero de los estadios de este nivel, el estadio tres, se entiende que hay unas normas sociales que todos tenemos que cumplir, las relaciones interpersonales adquieren una gran importancia (por lo que hay que cumplir las expectativas de los demás), y el razonamiento moral se basa en la reciprocidad de segundo grado: «haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran si estuvieras en su lugar». En el estadio cuatro se mantiene esta concepción pero se amplía a la sociedad en general: hay un conjunto de normas y códigos (leyes) que se aplican a todos, y existe una reciprocidad entre derechos y deberes.

El tercer nivel es el nivel posconvencional. Las personas en este nivel se caracterizan por tener unos valores y principios propios ajenos a las normas sociales, que son valoradas y criticadas a partir de los mismos. En el estadio cinco se entiende la relatividad de las normas y valores, y llega a la conclusión de que sólo son legítimas las leyes alcanzadas por consenso, de forma que todos los seres humanos tienen el derecho a ser libres e iguales. Por último, en el estadio seis se llega a unos principios universales por los que se debería regir el mundo con una Regla de Oro: «Actúa como lo harías después de considerar cómo todo el mundo debería actuar si estuviera en esa situación», cualquier ley o norma que no obedezca esta regla y no acepte los principios universales es ilegítima y se debe luchar contra ella.

Sandra Revuelto

Ilustración de Sandra Revuelto http://sandrarevuelto.blogspot.com.es/

Entonces, visto así, uno piensa que si todos nos desarrolláramos plenamente y llegáramos al nivel posconvencional, podríamos vivir en esa sociedad utópica que describía al principio de este artículo. Actuaríamos bajo unos principios similares a los de los Derechos Humanos pero sin que ninguna institución nos los impusiera. No habría leyes que nos obligaran a obedecerlos, lo haríamos únicamente por el placer de vivir en una sociedad que garantizara los derechos y el bienestar de todos. ¿Cuál es el problema? Sólo el 14% de personas alcanzan este nivel posconvencional. La mayoría de los adultos se quedan en el estadio tres, y con arreglo a él, actúan: pensando en el qué dirán y siguiendo normas que esperan que todos cumplan, y si se enteran de que alguien no lo hace, ellos no van a ser más cívicos. Esta es la manera de funcionar que tiene la sociedad, como si todos tuviéramos en torno a 12 o 13 años.

Por todo esto es imprescindible mejorar la educación en valores, para conseguir el máximo desarrollo moral y así lograr una mejor sociedad para todos.

Mi pregunta es: los políticos que hacen las leyes, esos cuyo razonamiento moral es impuesto a toda la sociedad, ¿en qué estadio están? ¿No sería conveniente hacerles una evaluación antes de que se presenten a unas elecciones? Así quizá, y sólo quizá, podríamos fiarnos de que tuvieran una buena actuación, velaran por una sociedad justa y aseguraran el bienestar de todos.

Laura Castillo Eito

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