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Está de moda llevar gafas grandes, barbas espesas, camisas de cuadros y seguir un estilo independiente. Lo que todos llamamos hoy ser un hipster, vaya. Los más curtidos en estos temas sabrán que esta moda no la han inventado mentes privilegiadas del siglo XXI sino que, una vez más, recurrimos a los fantasmas de un pasado, a nuestro parecer, mejor.

Sin embargo, para pasar el examen de hispterosidad es importante saber qué quería decir en un origen y quién acuñó y divulgó el término. Hipster deriva de un término musical relacionado con la cultura del jazz de la América de los años 40 y, por consiguiente, hipster era todo aquel conocedor de esta cultura soterrada.

Dentro de este ambiente subcultural, contracultural o directamente ajeno a la cultura dogmática, encontramos a un grupo de amigos, espíritus con aspiraciones literarias pero sin mucha suerte, jóvenes en busca de aventuras y de vivir la vida dentro de una sociedad engañada a sí misma.

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Archive of Allen Ginsberg

Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Gregory Corso, William S. Burrooughs y Neal Cassady son los paradigmas de esta literatura y este modelo de vida y que, ellos mismos nos legaron en sus obras profundamente autobiográficas.

Es el mismo Ginsberg el que, en su famoso poema Howl (Aullido) nombra a lo que hoy en día se confunde con ser indie:

I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving hysterical naked,

Dragging themselves through the negro street at dawn looking for an angry fix,

Angelheaded hipsters burning for the ancient heavenly connection to the starry dynamo in the machinery of the night…”

(Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,

arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,

hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con la estrellada dínamo de la maquinaria nocturna…).

Quedarnos en Howl sería conocer únicamente la superficie de esta contracultura, quedarnos con un sabor quizás equivocado de esta denuncia barata en ciertos aspectos, llamativa desde un punto de vista sexual, sincero y auténtico desde otras visiones. Atrevido, sin lugar a dudas.

Howl no surgió de la nada dentro de la mente de Ginsberg, es el culmen de años y años de escritura, de poemas inconclusos, de puertas de editoriales cerradas, de críticas homófobas y de comentarios crueles hacia un joven de procedencia judía que, por si fuera poco, se dedicaba a escribir y era abiertamente homosexual dentro de la anquilosada sociedad americana de los 50.

Gracias a esta sociedad reprimida y represora, Allen Ginsberg y el primer verso de su largo poema Howl forma parte de la cultura del siglo XX y está presente en camisetas, guiños televisivos (como en Los Simspons, Daria o Las Chicas Gilmore) o incluso en campañas publicitarias. La denuncia de un sector de la población que catalogaba este poemario como claramente obsceno no sólo ayudó, sino que popularizó a los representantes de la llamada Beat Generation y conllevó la publicación de grandes libros de la literatura americana como On the road, de Jack Kerouac o The Naked Lunch de William S Burroughs.

Si adelantamos un poco más en el tiempo, cuando la figura de Allen Ginsberg está plenamente presente en todos los ámbitos culturales americanos y en el momento en el que es el único representante vivo, o al menos con el 75% de sus facultades en perfecto estado, vemos que, de ser un poeta asustadizo en la vida real pero un crítico mordaz de la realidad, se convierte en un personaje mediático, en el mejor sentido de la palabra.

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Por Peter Orlovsky. Archive of Allen Ginsberg

Un poeta de su momento, apoyando el movimiento hippie de los 70, luchando con sus versos contra la Guerra de Vietman, arropando a futuros músicos mundialmente reconocidos como Bob Dylan e incluso siguiendo intentando publicar a todos sus amigos con menos suerte que él dentro del panorama literario.

Uno de los libros de poemas más olvidado de Ginsberg pertenece justamente a esta época. Allen, a lo largo de 1965 y 1971, compuso un centenar de poemas que agrupó en el poemario La caída de América, publicado en 1973. A lo largo de estos poemas, seguimos encontrando resquicios de nuestro poema ilusionado, enamoradizo y apocalíptico, pero que sabe cuánto poder tiene dentro de la esfera artística del momento.

Al mismo tiempo, la vida de Ginsberg y, en consecuencia, la de la Beat Generation sufre en poco más de un año dos pérdidas irreparables: la muerte de Neal Cassady, el icono de la Generación, el Dean Moriarty de Kerouac moría en 1968 a consecuencia de una sobredosis de barbitúricos y el propio Kerouac murió en el otoño de 1969 debido a una cirrosis. Estos acontecimientos personales conllevaron a la única fuerza viva de los Beat (considerando que Burroughs nunca quiso pertenecer a este movimiento literario) un estado de profunda melancolía y nostalgia que le acompañó lo que le restó de vida. En este poemario encontramos un segundo apartado titulado Elegías a Neal. 1968, donde narra con profunda ternura la estrecha relación que mantuvieron ambos en su juventud. Esta segunda parte de La caída de América es el particular On the road que Ginsberg realiza en su oníricos recuerdos, pues hace un recorrido por los estados americanos y le dedica un poema a Denver, el lugar donde nació su relación.

Desde mi punto de vista, es imposible conocer a Allen Ginsberg sin leer este poemario, pues nos enseña su parte más íntima y más personal; sus sentimientos y sus anhelos, su lucha incansable contra las injusticias y sus irrefrenables deseos sexuales (por qué no decirlo también). Su lado más humano.

Dentro de todo lo que he podido leer de este autor, este quizás es el conjunto de poemas que más me impacta, no desde el punto de vista literario (se esmera mucho más en Howl o en Kaddish) sino desde el punto de vista humano y social, poniendo voz a los insatisfechos, a los olvidados de la sociedad, a la juventud luchadora americana en contra de las reformas políticas de su gran Estado. En definitiva, a los sin voz y a la deriva de la sociedad.

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Archive of Allen Ginsberg

Allen Ginsberg no sólo es el maestro de la espontaneidad poética y el fluir de las emociones, sino que también es el precursor de todos aquellos literatos que apoyan las causas sociales desde sus poemas o desde sus columnas de periódico. Ginsberg, bajo esa visión de hombre calvito, afable, más bien ancho y amigo de las alternativas como el budismo, fue el altavoz de un gran sector de la población y un modelo de personaje literario vinculado a la realidad social.

En conclusión, Allen Ginsberg no sólo es el difusor del término hipster sino que supo aunar en su poesía afabilidad y sentimientos con crudeza y denuncia social.

Si os habéis quedado con las ganas de saber más sobre este hombrecito bonachón y sus amigos, os recomiendo:

-Estudios críticos:

  • DUVAL, JEAN-FRANÇOIS, Kerouac y la generación beat, Francesc Rovira (trad.), Barcelona, Anagrama, 2013

-Lecturas:

  • BURROUGHS, WILLIAM S., Desayuno desnudo, Martín Lendínez (trad.), Barcelona, Anagrama, 1987
  • BURROUGHS, WILLIAMS y KEROUAC, JACK, Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques, Fernando González Corugedo (trad.), Barcelona, Anagrama, 2012
  • GINSBERG, ALLEN, Aullido, Rodrigo Olavarría (trad.), Barcelona, Anagrama, 2013
  • GINSBERG, ALLEN, La caída de América, Antonio Resines (trad.), Madrid, Visor Libros, 2003
  • GINSBERG, ALLEN, Death & Fame. Last poems 1993-1997, New York, HarperPerennial, 2000
  • GINSBERG, ALLEN, Kaddish y otros poemas, Rodrigo Olivarría (trad), Barcelona, Anagrama, 2014
  • GINSBERG, ALLEN, Muchos amores, Josep Costa (trad. y selección), Barcelona, Plaza & Janés Editores, 2000
  • GINSBERG, ALLEN y CASSADY, NEAL, Cartas de amor ambiguo, Marta Pérez (trad.), Barcelona, Laertes, 1985
  • KEROUAC, JACK, En el camino, Martin Lendínez (trad.), Barcelona, Anagrama, 1986
  • KEROUAC, JACK, Los vagabundos del Dharma, Mariano Antolín Rato (trad.), Barcelona, Anagrama, 1996
  • Los otros aullidos, Daniel García Arana (selec., trad. y estudio), Zaragoza, Sigillum, 2014

L.C.

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