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Título La caza
Año 2012
Nacionalidad Danesa
Director Thomas Vinterberg
Guión Thomas Vinterberg y Tobias Lindholm
Duración 111 minutos
Reparto Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Alexandra Rapaport, Annika Wedderkopp, Anne Louise Hassing, Lars Ranthe, Lasse Folgelstrøm, Sebastian Bull Sarning

  La caza es la obra que marca el regreso del nombre de Thomas Vinterberg a las páginas de cultura de los periódicos. La película aparece por estos lares seguida de un buen número de estrellas, cubos de palomitas o simples bolas de esas que ponen los críticos de cine al lado de los títulos para ayudar a sus lectores a decidir qué entrada deben comprar o qué título deben buscar en internet. Sin embargo, por más que apasione a los críticos, el cine de Vinterberg, si bien está destinado a triunfar, probablemente lo haga dentro algunos años y, desde luego, no en taquilla.

IMAGEN 1. CINE. ISMAEL

  En cualquier caso, la cosa va mejorando desde aquella su primera gran obra, Celebración, que sólo fue vista en su estreno por un público erudito, vanguardista o por el soplapollas que sólo yendo a múltiples estrenos y festivales del contenido más variopinto imaginable puede vanagloriarse con una sonrisa, unos aires de superioridad y un carné de socio de la Fnac de su gran ojo a la hora de elegir películas delante sus amistades –bien poco interesadas en las novedades cinematográficas o bien también soplapollas-.

  La película que nos ocupa sí obtuvo algún discreto beneficio en taquilla, e incluso fue candidata al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, quizás, precisamente, por la fama que al cabo del tiempo adquiriría Celebración entre las minorías más cinéfilas, por la popularidad posterior al fin del movimiento al que pertenece o, tal vez, por las calificaciones de los periódicos anteriormente nombradas.

  Dogma 95 hablaba de la revolución de la mano unas mentes creadoras, palpitantes y llenas del entusiasmo y el amor propio de unos jóvenes tan llenos de talento como Lars von Trier y Thomas Vinterberg. Se trataba de crear obras arte con el lenguaje propio del cine y no otro: atrapar secuencias de imágenes que se suceden en el espacio en frente del cual se coloca un instrumento, que además es capaz de captar el sonido del ambiente que las rodea con el fin de contar algo. Así, se debían rehusar las iluminaciones artificiales, los decorados, los efectos, los filtros, la música colocada en la posproducción y además, todo debía ser grabado con la cámara al hombro. También se debía huir de presupuestos multimillonarios, de lo digital y de la mayor parte de la iluminación artificial. Todo esto trata de cumplirse con rigor, tanto en la citada Celebración de Vinterberg, como en Los idiotas, de Lars von Trier, las primeras cintas de cada uno de ellos tras la firma del manifiesto que da nombre al movimiento. No obstante, conforme estos miembros fundadores van cumpliendo años, van adquiriendo experiencia y comienzan a ser conocidos, deciden tomar otros caminos sin olvidar por ello sus primeros pasos.

IMAGEN 2. CINE. ISMAEL.

  Después de Dogma, Vinterberg experimenta con la realización de un cine más convencional, mientras que Lars von Trier, emprende un viaje lisérgico hacia un cine marcado por la polémica y el escándalo.

  La caza es el intento más acertado del director danés de hacer un cine convencional, sin traicionar sus creencias de juventud, pues acepta los preceptos del manifiesto sin llevarlos al extremo, pudiendo hacer concesiones cuando le es necesario para contar su historia con la mayor eficacia posible.

  Es la adaptación al presente de los conceptos innovadores que, con Dogma 95, revolucionaron el concepto de cine en los últimos años del siglo pasado. Muestra una capacidad de autocrítica de un director maduro, que si bien ha necesitado algunas obras de transición (It’s all about love, Querida Wendy o Cuando un hombre vuelve a casa), está claro que el tiempo y el dinero invertido en ellas han merecido la pena.

  Supone, de alguna manera, el renacimiento de un artista que cierra el círculo que empezó a dibujar con Celebración, allá por 1998, pues trata el mismo tema de la pedofilia pero desde una perspectiva radicalmente opuesta. En esta ocasión, se cuestiona aquello que trataba de denunciar en su primera obra, poniendo de manifiesto las terribles consecuencias que una falsa acusación de abusos sexuales a menores puede desembocar.

  Un genial Mads Mikkelsen se pone en la piel de Lucas, un maestro de escuela infantil divorciado a quien le empieza a sonreír la suerte tras un periodo de adaptación a una serie cambios en su vida. De repente, ese caprichoso destino que parecía empezarle a ser afín, se apunta un tanto a su costa y se descojona de la cara de tonto que se le ha quedado al pobre desgraciado maestro, cuya vida ha dado un vuelco al ser acusado de tan terrible crimen. La mayor virtud de esta película es que hace que el espectador se ponga, quiera o no, en el lugar del protagonista, creando un relato sin tapujos: veraz y tan desgarrador como la pura realidad. Transmite sensaciones de desesperanza, impotencia, desamparo y rabia como pocos han logrado, sin tener que recurrir a la exageración ni perder credibilidad por el camino. Probablemente de las mejores películas de 2012 y aunque eso no sea decir mucho dado lo flojo que fue aquel año, de verdad merece la pena.

  No se puede decir que el de Vinterberg sea un arte incomprendido y en nada valorado –el de casi ningún director de cine que viva de eso lo es- porque sí obtiene cierto reconocimiento, por efímero que sea, especialmente desde la crítica. No obstante, no deja de ser una “rareza”, una película de esas que pasan desapercibidas y que sólo los ávidos consumidores de cine -que devoran con ansia todo lo que se pone ante sus ojos sin perder la ilusión de encontrar algo bueno-, los que conocían a Vinterberg por Dogma o los pocos que se atrevieran a ver una película danesa sólo porque lo diga el crítico de turno, la recuerdan.

  La intención del presente escrito es que, quien lo lea, le dé una oportunidad a esta obra de la que probablemente nunca haya oído hablar, de este director que, posiblemente, apenas le suene vagamente y le eche un ojo, o los dos si es posible a esta historia que muestra a una humanidad más temerosa de su potencial perverso que de la inocencia que le debería ser propia.

Ismael Piazuelo

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